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{ 11 – II } Mi serendipia con los cristales rotos

by en 11/02/2014

Hoy, como cualquier otro día de estos lluviosos, cogí el coche para ir al curro y sin saber ni cómo ni por qué, el retrovisor, tras un sonido sordo, quedo así:

Miré a los lados, y no había golpeado nada (no había puertas, esquinas ni personas) pero el espejo se rompió en pedazos.

Tras un día que pensaba no había sido malo, cambié de parecer tras una conversación, por lo que llegué un poco de bajona a casa. Charlé con mis compis plurkeros y blogueros (cozy), amigos al fin y al cabo, pero no sólo de redes, sino también vida real y laboral, y transformé mi pesar en energía.

Decidí comenzar la búsqueda de una entrada que compartir con vosotros, y la encontré de forma inesperada (no rastreando noticias, como suele ser).

Busqué (me dió por ahí) el significado de los cristales rotos en internet (hace una semana se me cascó también la pantalla del móvil). Tras varias entradas de energías negativas y mal rollo de estos esotéricos, llegué a estas entradas:

Fue entonces cuando recorrí mentalmente el camino a mi serendipia. No creo en esoterismos, me siento científica, pero a veces me gusta buscar explicaciones abstractas a mis cavilaciones dejando a la razón momentáneamente de lado.

Tampoco quiero pagar los platos rotos, pero si bien es que hoy el final del día me dejó un poco k.o… Ahora puedo decir que ¡qué narices! Que siempre lucho porque las cosas mejoren, que es la fuerza de mi optimismo, y que no me puedo dejar vencer.

Que el pensamiento que describe la parábola antes expuesta, la justificación de un acto llamemos “incorrecto” (en la parábola el vandalismo del niño que rompe la ventana, en el estudio de Stanford la justificación para descuartizar el coche en menos tiempo) en el que al final se simpatiza con el vándalo o se justifica la acción de vandalismo, no es más que una falacia, una distorsión del significado del coste de oportunidad y que he de persistir en seguir intentando hacer las cosas como creo que son correctas.

Seguir insistiendo a mis colegas los “guarrindongos” que tiran la basura a la calle porque dicen dar trabajo a barrenderos para que dejen de hacerlo. Seguir intentando hacer las obligaciones de forma eficaz y eficiente aunque suponga transtornar el confort de quienes se oponen al cambio.

Cristales rotos. Aún en pedazos siempre se encuentra el camino al optimismo. Aquí os dejo mi reflexión de hoy. Espero que os haya gustado 😉

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From → Febrero

2 comentarios
  1. Estupendo post, Ali.

    El coste de oportunidad y la evolución de lo deteriorado son ejemplos de una especie de “entropía de los asuntos humanos” que deberíamos tener muy en cuenta. Pasa parecido con el pago de impuestos, o con cómo mantener o dejar decaer una amistad. Es tan sencillo como que hay que cuidar lo que tenemos, lo que queremos, lo nuestro y lo que es de todos. Y también debemos aprender a calcular, poniéndonos en el lugar del prójimo, los costes ocultos de acciones aparentemente no ya vandálicas, sino incluso también inocentes.

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    • Tienes toda la razón del mundo ^_^ Pero es que es tan fácil dejarse llevar por las falacias, que ir contra ellas ¡es chungo! Sobre todo cuando están ampliamente aceptadas… En fin ¡! Un abrazo y gracias por lo de estupendo (k)

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